Capítulo 2: LA COMODIDAD: UN CÁNCER PARA EL ALMA

Como decía anteriormente, vivimos en una sociedad orientada a la satisfacción personal. Intentamos tener todo lo que deseamos aunque sea incoherente o imposible. Intentamos comprar cosas aunque no tengamos dinero (pedimos un préstamo). Intentamos adelgazar aunque nuestros hábitos alimentarios dan pena (tomamos pastillas o hacemos una dieta radical). Intentamos sentirnos más relajados aunque queremos controlarlo todo (tomamos tranquilizantes). Intentamos tener mejor relación con los hijos aunque no dejamos de enfadarnos y frustrarnos por como son (los llevamos al psicólogo)… Lo queremos todo y lo queremos ya. Pero la Vida es coherencia y cada cosa tiene su camino para ser creada o conquistada. Muy pocas cosas aparecen de forma espontánea sino que son el resultado de un proceso que muchas veces no queremos seguir porque implica una incomodidad, un esfuerzo que no me apetece nada hacer ahora. Caer en la comodidad es un gran error y un obstáculo para realizarse como persona.

En consulta muchos adolescentes se quejan cuando les propones hacer un ejercicio o un cambio. “Es que es muy difícil.” “Es que me da palo.” “Es que no me gusta.”… ¿¿¿Y??? Les respondo yo. ¿Qué significa “me da palo”? ¿Qué clase de vida le espera a un joven que se desinfla ante la dificultad o el esfuerzo? Sólo puede aspirar a ser Ni-Ni. Yo no lo llamaría Ni-Ni, lo llamaría Ni elevado a la enésima potencia (Niᶯ): Ni- trabajo, Ni-estudio, Ni-limpio, Ni-cocino, Ni-ayudo, Ni-me cuido, Ni-respeto Ni-agradezco, Ni-reconozco, Ni-aprendo, Ni-nada de nada…

La COMODIDAD ES UN CANCER PARA EL ALMA. Lo digo en mayúsculas porque es realmente importante. Mi pareja, Susana, siempre bromea diciéndome “Cariño, a ver si algún día ganas tanto dinero que me retiras de trabajar”. Yo pienso que tener las cosas dadas es la mejor manera de desperdiciar nuestro potencial, la mejor manera de dejar de crecer. Así que siempre le respondo: “Te quiero tanto, cariño, que nunca te haría esa faena, ¡¡¡jajaja!!!”

Si nos fijamos en nuestros modelos morales, que pueden ser celebridades como artistas, políticos, deportistas, líderes, periodistas, misioneros, científicos, profetas,… o personas de nuestro entorno a quien admiramos, raramente encontramos historias personales de comodidad y facilidad. Gran parte de la fuerza que nos transmiten como modelos viene del hecho de que han tenido que superar retos de vida importantes. Hace unos días veía en televisión una entrevista a Mayra Gómez Kemp, la famosa presentadora de televisión, donde explicaba la actitud mental y el esfuerzo que le llevó a recuperar el habla después de haber sufrido un cáncer de boca y de lengua. Era tremendamente emocionante sentir la ilusión de vivir que contagiaba esa enorme profesional y mayor persona todavía. Ella es un ejemplo de lucha y de Amor.

Siempre vamos a sentir una mayor sensación de orgullo si el logro que hemos conseguido costó algo de esfuerzo, si tuvo algo de mérito. La autoestima se alimenta del orgullo sano, del sentir que valgo, que puedo, que hago. En estos días nos encontramos que los jóvenes tienen muy pocas responsabilidades porque participan muy poco o nada de la economía familiar y de las responsabilidades domésticas. Y por otro lado desarrollan fácilmente un sentido de derecho y de privilegio a pedir y tener todo lo que desean. Esta combinación es brutal. Antes de los 16 años tienes a un jovencito tirano que es la frustración y la jaqueca de sus padres. Le han permitido una vida tan cómoda y privilegiada que el joven no tiene recursos para afrontar la incomodidad de esforzarse en algo, ni siquiera en divertirse, por eso a veces prefieren los ordenadores o las drogas a otras formas de diversión más sanas. Es una alegría ver a un joven ilusionado e implicado en algún proyecto. Los jóvenes que están motivados tienen tanta energía, tanta creatividad. Piensan sin límites porque no los conocen. Y no tienen miedo de afrontar dificultades y aprender.

Para crecer, para abrir nuestro potencial, necesitamos retos, situaciones que nos desafíen y provoquen a nuestro guerrero interior. Últimamente me he aficionado a ver el programa Top Chef donde un grupo de cocineros compiten entre ellos y se van eliminando semana a semana. Cada vez que uno de los concursantes es eliminado comenta ante la cámara cómo ha sido la experiencia para él o ella. Todos, sin excepción, dicen que han aprendido muchísimo, más de lo que habrían imaginado. Lo curioso es que en el programa no reciben muchas lecciones, sólo algunas breves intervenciones de reconocidos cocineros. Pero los concursantes son constantemente sometidos a pruebas de alto nivel de exigencia bajo mucha presión y poco tiempo. Esto provoca que toda su capacidad creativa y resolutiva se ponga en marcha y despliegan al máximo su potencial como cocineros. ¡Ese gran aprendizaje estaba saliendo de ellos mismos! Algún que otro concursante llegó a comentar que gracias a participar en el programa había recuperado la ilusión por volver a crear que sin darse cuenta se había ido desvaneciendo con los años de trabajo monótono. Todos los concursantes salían del programa con un montón de ideas y de proyectos para materializar en sus restaurantes.
Este es un claro ejemplo de lo que decía Picasso: La inspiración existe pero debe encontrarte trabajando.

Cuando mantenemos una vida activa con una rutina sana todo nos resulta más fácil. Podemos superar los pequeños obstáculos, inspirarnos a crear o hacer cosas nuevas, implicarnos en cosas sociales o de la comunidad. Cuando nos dejamos arrastrar por la comodidad podemos caer en la inestabilidad, de un día hago las cosas y el otro no, o en la desidia de no hacer ningún día y que todo nos resulte muy costoso. Recuerdo a Esther, una madre joven separada con dos niños moviditos que estaban algo inquietos y desafiantes desde la ruptura familiar. Establecimos un sistema de normas sencillo para los niños que permitiera a Esther recuperar el orden y la calma en casa. El sistema funcionaba bastante bien pero Esther se cansaba de llevarlo a cabo con continuidad, aun reconociendo que era bastante sencillo, y el caos volvía a invadir la casa. De nada sirve hacer las cosas a medias. De hecho es casi peor porque en este caso estábamos enseñando a los niños a perder el respeto a las normas y a la rutina que establecía la madre. Aquí se hizo evidente otro problema de base: EL DESGASTE. Cuando una persona está desgastada moral o físicamente no puede hacer frente a las situaciones de la vida de forma adecuada y entra en la desidia, en el abandono o peor aún.. en la enfermedad. Muchos nos hemos visto atrapados en rutinas saturadas que no nos dejan espacio para descansar, para recuperarnos y regenerarnos. Vamos sobrellevando las responsabilidades casi sin tomar aliento y vamos perdiendo energía y salud. Hay que diferenciar el desgaste de la comodidad, porque la comodidad es una actitud frente al esfuerzo y el desgaste es una situación adversa que puede acabar en enfermedad. Si alguien se identifica con sentirse desgastado debe poner remedio de inmediato bajando su nivel de actividad física, de esfuerzo o de responsabilidad moral. Nadie es tan imprescindible ni nada es tan importante como para dejarse la moral o salud en ello. Hay formas muy válidas de gestionar cualquier situación para no caer en el desgaste y la enfermedad. Porque si a estas alturas ya has renunciado a cuidarte y descansar por cumplir con tus obligaciones te auguro un futuro con mucho sufrimiento. Alguien me dijo una vez: Dios perdona siempre, las personas perdonamos a veces, la Vida no perdona nunca. Así que sé consciente de cómo te cuidas…

Dejarme llevar por la Vida no requiere esfuerzo, es la posición más cómoda (como la que os comentaba de los jóvenes Ni-Ni). Crear la vida que deseo, en cambio, es un trabajo. Como construir un hogar o una empresa o ponerme en forma o aprender algo nuevo o cambiar algo de mi vida. Debo invertir tiempo, energía, dinero, ilusión y un montón de cosas más. Con el proceso voy creciendo y me hago más capaz, más seguro, más maduro, más sabio. Me valoro más a mí mismo y también valoro más a los demás. Vivo más satisfecho.

Hablando de satisfacción, hay que tener presente que evitar caer en la comodidad no significa renunciar al confort. Una cosa es la comodidad y otra es el confort. Comodidad es la actitud de poner el mínimo esfuerzo o la mínima implicación en algo. Confort es tener las condiciones más adecuadas para estar a gusto o para hacer una cosa a gusto. Después de una jornada de provecho no hay nada más placentero que un momento de descanso confortable, como una ducha o un baño, un buen masaje, un rato en el sofá,… Porque el secreto del bienestar es mantener el equilibrio entre el trabajo y el descanso, entre el movimiento y la quietud, entre el cuidarse y el disfrutar, entre el concentrarse y el relajarse… Debemos ser capaces de hacer todas las cosas y cada cosa en su momento, aunque nos cueste un esfuerzo.
En muchos casos sucede que después de una gran dificultad la persona valora mucho más su vida y la vida en general y empieza a esforzarse por hacer cosas que antes no hacía. Es típico después de sufrir un infarto de miocardio empezar a hacer deporte regularmente y cuidarse. O después de casi perder a una persona querida empezar a compartir más tiempo con ella o incluso expresar el amor que antes se daba por sentado. Hay cosas que sólo hacemos después de un susto o de ver que alguien se ha muerto. Es triste tener que esperar a que la Vida nos sacuda con una tragedia para salir de la comodidad y la desidia, ¿No crees?…

Publicado por

Noelia Sánchez Sáez

Médico Psicoterapeuta. Num. Col:34.408

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