Capítulo 4: LA RABIA: KRIPTONITA PARA EL AMOR

La Rabia es una emoción que esconde un mensaje muy claro: “¡¡Esto no debería ser así!!”. La rabia me dice que lo que estoy viviendo va en contra de lo que yo quiero o espero y además no puedo hacer nada al respecto. Si pensáis en la última vez que sentisteis rabia veréis que alguien hizo algo o sucedió algo que os pareció inaceptable o injusto. La rabia siempre refleja impotencia, indignación y el deseo fortísimo de cambiar lo que estoy viviendo. Es una energía destructiva, quiero que lo que está siendo deje de ser.

Carita una jovencita de 15 años con mucha fuerza y mucha personalidad llegó a mi consulta después de ser detenida por agresión y amenazas a una compañera del instituto. Su madre me contó que siempre había sido una niña con carácter pero en los últimos años se había ido transformando en una persona muy impulsiva, agresiva, desafiante y últimamente tenía crisis importantes de ira y violencia. Hablando con ella Carita confesó que la separación de sus padres 5 años antes había sido un impacto fortísimo para ella. No tanto por ver que sus padres no se querían o no querían seguir juntos si no por cómo sucedió todo. Un día cualquiera Carita llega a su casa y su padre le anuncia que se va y sin más nada el padre sale por la puerta y ella no sabe ni cuándo ni donde lo va a volver a ver. “Necesitaba tiempo para asumirlo” “Me dolió tanto sentir que lo perdía“¡Me sentí tan mal y tan enfadada!” Esa rabia se quedó en su corazón y al no encontrar salida siguió creciendo. Carita no era más que un pura sangre dolido y enfadado.

Desde el “¡Esto no debería ser así!” nos llenamos de rabia y actuamos bajo su influencia. La rabia nos ciega porque no nos permite pensar y discernir. Nos arrebata. Nos posee y nos impulsa a ser más duros y más destructivos de lo que seríamos sin rabia. ¿Quién no se ha arrepentido de haber hablado con excesiva dureza en un momento de rabia? Lo malo es que lo hecho, hecho está y ya no se puede borrar el impacto de nuestras palabras o nuestras acciones. Patricia es una joven de 27 años que hace poco rompió con su pareja. Le pregunté en qué momento sintió que la pareja se había roto, que algo entre ellos iba realmente mal. Ella me explicó que muchos meses antes en medio de una fuerte discusión la pareja de Patricia le dijo con rabia: “¡Tú a mis amigos no les llegarás nunca ni a la altura del zapato!” Esa frase cargada de desprecio le llegó al alma y rompió algo en su interior, sintió una puñalada en el corazón.

Cuando se habla desde la rabia se destruye el amor. Y no siempre es fácil reparar el daño causado. Muchas personas dicen: “Yo perdono pero o olvido”. Significa que hay golpes que no se pueden reparar y esos suelen ser hijos de la rabia. Porque desde el amor no se hiere. Podemos dar una opinión negativa con amor y puede que no guste pero no hiere. Yo puedo decir: “Me duele que no te gusten mis amigos y que no quieras salir con ellos”. Esto no hiere. Pero para hablar así mi corazón no puede estar lleno de rabia porque la rabia no dejará espacio para nada que suene a amor, a compasión, a paciencia o a comprensión.

Si mantenemos esa actitud de “¡Esto no debería ser así!” la rabia se retroalimentará en un diálogo interno de indignación y victimismo. Mi hermano Franki es 12 años menor que yo y casi un hijo único. Cuando mi hermana mayor y yo éramos adolescentes nos peleábamos con mi madre día sí, día también. Cuando mi hermano fue adolescente me di cuenta de que las discusiones que él tenía con mi madre nunca llegaban ni a la mitad de lo que había vivido yo y me pareció extraño. Un día que fui a comer a casa de mi madre descubrí el secreto. Mi hermano y mi madre empezaron a discutir porque éste no había recogido su habitación, o algo por el estilo, y cuando la cosa se calentaba mi hermano le hizo una broma cariñosa y graciosísima a mi madre que no pudo evitar echarse a reír. Ahí se acabó la tensión. Mi hermano es muy payaso y  muy cariñoso, cuando ve que la cosa se pone fea da un giro a la situación distanciándose de la rabia y poniendo sentido del humor, que no es lo mismo que el sarcasmo o la burla, ¡ojo! ¡Burlarse de alguien que está enfadado es añadir gasolina al fuego!

Contestar a la rabia del otro con sentido del humor o con un gesto de ternura puede ayudar a cambiar la situación. En terapia a veces utilizamos caricaturas de uno mismo: “Ya ha salido la Rotenmeyer que llevo dentro… o el enanito gruñón”. “¡Mi jefe despierta mi lado Kill Bill!” Bromear siempre nos distancia de la rabia, le quita hierro a la situación porque frivolizamos un poco.

Alejandro tuvo una de las separaciones más conflictivas que yo he conocido. Vivía una guerra abierta contra su ex-mujer que cada semana le demandaba por algún tema nuevo y no le dejaba ver a sus hijos. Siempre llegaba a la consulta enfurecido como un toro en un rodeo. Yo le proponía hacer un ejercicio de relajación para calmarse y casi siempre me contestaba: “¡Ahora no! ¡Ahora quiero estar enfadado!” y se pasaba cabreadísimo la mitad de la sesión hasta que le apetecía relajarse. Todos tenemos derecho a la pataleta. Nadie puede quitarnos ese derecho. Podemos utilizar un espacio, un momento para nuestra pataleta y luego dejar marchar la rabia y serenarnos para poder decidir desde la calma lo que quiero hacer con esa situación que me indigna tanto.

Salir de la indignación significa pasar del “¡Esto no debería ser así!” al “Ya que esto es así, ¿Qué voy a hacer yo para poder estar bien?”. Una amiga me comentaba que sentía mucha rabia contra su hermana porque ella siempre compraba buenos regalos para sus sobrinos cuando era su  cumpleaños mientras que su hermana se quedaba tan ancha regalando a sus hijos cualquier tontería de un bazar de estos de todo-a-1€. Cuánto más lo pensaba más injusto lo sentía y más rabia le daba. Sabiendo que su hermana era  tacaña con los regalos de sus hijos ¿Qué podía hacer mi amiga para poder estar bien? Podía comprar regalos baratos a sus sobrinos. Podía proponer a su hermana dejar de hacer regalos a los niños para los cumpleaños. Podía seguir regalando lo que ella quería a sus sobrinos y no esperar nada valioso de su hermana… Mi amiga optó por esto último. “Ella es una tacaña pero sus hijos no tienen la culpa.” Dijo mi amiga que, por cierto, cuando llegó el cumpleaños de su hermana le compró una baratija y se quedó tan contenta.

Ser capaz de salir de la rabia me vuelve más sereno y más amoroso. Sin rabia puedo gestionar las situaciones con mayor eficacia porque decido desde mi juicio y desde mi sabiduría. Sin rabia me vuelvo más tolerante, más paciente. Muchas madres en la consulta confiesan que se sienten llenas de impotencia por no saber hacer que sus hijos se comporten bien y les respeten. Se pasan el día gritándoles y castigándoles. Con el tiempo los hijos desarrollan una especie de sordera selectiva y ellas se transforman en la versión casera de Cruela de Vil. Cuando estas madres aprenden a hablar y actuar sin rabia la situación da un giro importante, recuperan la autoridad, el hogar se serena, los hijos hacen más caso y todo fluye mejor. Se dan más ocasiones de bromear, compartir y disfrutar porque hay un trato más amoroso y relajado. Todos salen ganando.

Es muy importante tener en cuenta que a veces cuando dejo marchar la rabia descubro que detrás hay algo que me está afectando más que la rabia, algo que quedaba enmascarado.

Dicen que hace mucho mucho tiempo la Rabia y la Tristeza se fueron a bañar a un lago. La Rabia llegó a la orilla como un huracán, se sacó la ropa de un golpe, se metió en el agua y se puso a chapotear con toda su energía. La Tristeza que la seguía lentamente, se sacó la ropa despacio y la dejó en el suelo con delicadeza. Se metió en el agua pausadamente y con la misma pausa se puso a nadar un rato. Enseguida la Rabia, impaciente y estresada, decidió que ya había tenido suficiente y salió del agua con la misma velocidad que había entrado. Se puso la ropa en un santiamén y salió corriendo. La Tristeza en cambio se quedó mucho más tiempo dando brazadas tranquilamente. Finalmente la Tristeza se decidió a salir del agua y cuando fue a ponerse su ropa se dio cuenta de que la Rabia con su prisa y su ceguera habitual se había puesto su ropa por error. La Tristeza pensó un momento y decidió ponerse la ropa de la Rabia para no ir desnuda. Y se sabe que desde entonces la Rabia va vestida de Tristeza y la Tristeza de Rabia.

Los padres de Julia se separaron a sus 14 años. Todo sucedió de forma inesperada para todos y en cuestión de pocos días Julia se encontró con que sus padres estaban enemistados y empezando caminos totalmente desconectados. Su padre empezaba una relación con otra mujer y sus hijos y su madre reconstruía su vida sin echar la vista atrás. Julia sentía una rabia enorme contra su padre a quien ella hacía responsable de la tragedia familiar. Esa rabia no le permitía relacionarse con él, lo rechazaba igual que rechazaba toda la nueva situación familiar. En cuanto profundizamos en esa rabia lo que apareció fue una tristeza enorme, un duelo enorme, por la vida familiar perdida. Julia es una chica muy sentimental y nostálgica, necesitaba más tiempo y más ayuda para dejar machar su vida de siempre. Le dolía enormemente ver a sus padres y a su hermano tan capaces de rehacer sus vidas y olvidar su pasado juntos como si nunca hubiera existido (así lo sentía ella). Encargué a Julia un trabajo especial: crear un álbum familiar de todos los años que vivieron juntos y hacer 4 copias, una para cada uno de ellos, de manera que todos tendrían ese recuerdo para siempre. Con este trabajo Julia, a través de las fotos y los recuerdos, pudo conectar con su duelo en vez de transformarlo en rabia y se aseguró de que su pasado no cayera en el olvido.

He observado que para ciertas personas es mucho más fácil conectar con la rabia que con la tristeza o el dolor. Quizás la rabia sea más llevadera porque te llena de energía y te empuja a mirar hacia afuera y a tirar hacia adelante. Mientras que la tristeza y el dolor te llevan hacia adentro, hacia el corazón, hacia esa experiencia profunda de desgarro o de vacío que parece que no vamos a poder soportar. Es importante saber discernir si la rabia que siento es realmente indignación o es una máscara que cubre mi tristeza. Porque el trabajo interior es diferente.

Publicado por

Noelia Sánchez Sáez

Médico Psicoterapeuta. Num. Col:34.408

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