Capítulo 6: HERIDAS Y PROPÓSITO DE VIDA

 

Todas las personas nos hemos sentido heridas por personas que nos han tratado mal. A veces hemos sufrido agresiones como burlas, críticas, ataques verbales o físicos, discriminaciones, comparaciones, castigos físicos o morales. Otras veces nos han herido por omisión; el abandono, la falta de atención o interés, el arrinconamiento y la anulación son tratos que hieren profundamente la dignidad y la sensibilidad de las personas.

La Vida tiene estas situaciones y todos vamos a pasar por tratos dolorosos varias veces a lo largo de nuestro camino. Por suerte el ser humano está dotado de mecanismos de reparación inconscientes que se activan y trabajan en nuestro interior para que dichos golpes de Vida no nos desestabilicen mucho y sigamos con nuestra vida aprendiendo de cada situación. Estos mecanismos son como nuestro sistema de cicatrización donde macrófagos, linfocitos, plaquetas y otras células de reparación se activan cuando sufrimos un corte o una herida para repararla y que podamos continuar con nuestra vida. No tenemos que hacer nada, nuestro cuerpo se encarga. Aunque en ocasiones la herida es tan grande que necesitamos de ayuda externa para curarnos. De la misma manera cuando ciertas situaciones de vida nos afectan severamente nuestros sistemas inconscientes no son suficientes para reparar ese impacto emocional y se produce una herida interna que nos influirá en nuestra forma de ser y de hacer de ahí en adelante.

La mayoría de las heridas internas profundas se producen en nuestra infancia porque es cuando somos más sensibles y estamos más desvalidos. Suelen producirlas las personas de nuestro entorno más cercano; nuestros padres, hermanos, tíos, abuelos, otros familiares, amigos, profesores,… A veces ellos son conscientes de que nos han tratado con dureza, insensibilidad o incluso crueldad, pero otras veces no son conscientes.

Mi amiga Mónica iba un día por la calle y se cruzó con un compañero del colegio de primaria. No tenían relación así que Mónica sólo le hizo un saludo desde la distancia. Su compañero le hizo un gesto para que le esperara y fue a su encuentro. Ella estaba sorprendida porque no tenían nada en común y no sabía qué interés podría tener él en hablar con ella. Cuando su compañero llegó a ella le dijo: “Hace mucho tiempo que quería verte.” Mi amiga se sorprendió aún más. “De pequeños en el cole te traté muy mal. Ahora soy padre y si supiera que trataran así a mi hijo me dolería muchísimo. Así que quiero pedirte perdón y que sepas que lo siento mucho.” Mi amiga se quedó de piedra… Es cierto que aquel chico le amargaba la existencia en el cole pero ya apenas se acordaba, lo tenía superado. Le dijo: “No te preocupes, éramos críos. No tengo mal recuerdo de ti ni de aquellos años. Pero gracias.”

Las heridas profundas las cargamos los que las recibimos y los que las provocamos. Seamos conscientes o no. El compañero de colegio de mi amiga no fue consciente de su crueldad ni de la carga de conciencia que guardaba en su interior hasta que fue padre y se colocó en el otro papel, el de recibir la crueldad.

Todos hemos herido, todos. Todos hemos sido heridos, todos. La Vida es convivir y en la convivencia nos amamos y nos cuidamos pero también nos decepcionamos, nos agredimos, nos aprovechamos, nos imponemos, nos mentimos, nos traicionamos… unos más que otros y unos con más mala intención que otros. Pero todos tenemos el potencial de tratar mal a los demás y algunas veces caemos en ello. Conforme vamos madurando y siendo más empáticos, responsables de nuestros actos y solidarios, vamos evitando estas maneras de hacer y nos comportamos con más nobleza con los demás.

Es importante asumir que vivir significa ser herido, ser decepcionado, sentirse desamparado algunas veces. Si no asumimos esto nos sentiremos víctimas de la Vida. Sentiremos que hemos tenido la desgracia de pasar por algo que “no debería haber sido”. Eso nos llenará de rabia y resentimiento, y mantendrá nuestra herida abierta y activa. Hay un ejercicio que yo recomiendo a todo el mundo que se sienta herido:

Escribe en un papel las siguientes frases rellenando el espacio con la experiencia dolorosa que viviste (p.ej: abandono de mi padre, traición de mi pareja, maltrato de mi madre, abuso sexual de tío, humillaciones de profesor, etc):

Reconozco mi experiencia de …………..….……..

Reconozco todo el sufrimiento que viví entonces y el dolor y la limitación que me causa incluso ahora esa experiencia de………………….

Reconozco que ………………………. es una experiencia humana.

Desde ………………. he aprendido a ser más sensible y más consciente.

Acepto mi experiencia de ………..…………. con humildad y conciencia.

Agradezco  esa experiencia de………………… por haberme ayudado a crecer.

Ahora libero esa experiencia de…………..….  y todo ese dolor que ya no necesito.

En su lugar pongo paz y tranquilidad.

 

Una vez escritas las frases el ejercicio continúa leyendo las frases una vez al día durante 10 días. Léelas a conciencia, una a una, parando en cada una de ellas para sentir lo que significan. Para sentir lo que remueven en ti. Cuando digas “reconozco” busca dentro de ti eso que estás reconociendo, siéntelo. Cuando digas “agradezco” siente tu gratitud hacia eso vivido. Cada frase lleva una experiencia interior diferente y deberás darte tiempo y espacio para sentir cada una durante un momento. Algunas serán dolorosas, otras irritantes, otras distantes…  pero descubrirás que cada día que pase las emociones irán cambiando, irán serenándose. Como un quiste que vamos limpiando y curando cada día, las frases se irán llevando el malestar y al final de los 10 días sentirás que puedes afrontar esas frases sin sufrimiento, sintiendo serenidad en el corazón.

A veces la herida interna que nos afecta es a causa de haber hecho nosotros daño a alguien (p.ej: tratar mal a hijos, rechazar a padres, fallar a alguien en algo importante, engañar a mi pareja, aprovecharme de un amigo o familiar,…). Como en el caso del compañero de colegio de mi amiga. Entonces puedo hacer lo mismo pero en sentido inverso:

Reconozco haber sido cruel con una niña del colegio.

Reconozco todo el sufrimiento que le causé entonces y el dolor y la limitación que le causa incluso ahora el haber sido cruel con ella.

Reconozco que haber sido cruel con esa niña es una experiencia humana.

Desde haber sido cruel con esa niña he aprendido a ser más sensible y más consciente.

Acepto mi experiencia de haber sido cruel con esa niña con humildad y conciencia.

Agradezco esa experiencia de haber sido cruel con esa niña por haberme ayudado a crecer.

Ahora libero esa experiencia de haber sido cruel con esa niña y el cargo de conciencia que ya no necesito.

En su lugar pongo paz y disculpas hacia esa persona. 

 

En el momento que yo acepto y sano mis heridas internas, reconozco que son parte de mi camino de Vida y de lo que me ha hecho ser hoy como soy, ocurrirán 2 cosas. La primera es que aspectos de mi vida que estaban encallados se desencallarán. Aquellos que estén relacionados. Por ejemplo si la herida era con uno de mis padres, mi relación con mis hijos mejorará. Si la herida era con una pareja, mis relaciones sentimentales mejorarán. Si la herida era de humillación, mi autoestima en el trabajo mejorará. Si era cargo de conciencia, mi prosperidad en la Vida mejorará. Ciertos caminos bloqueados se abrirán. La segunda cosa que ocurrirá es que ya no seré víctima de ese tipo de experiencias, estaré inmunizado emocionalmente. Como cuando te ponen una vacuna. Podrán sucederme ese tipo de experiencias pero ya no me herirán profundamente solo me molestarán superficialmente. Incluso me convertiré en una persona capaz de ayudar a otros a sanar ese tipo de heridas. Si yo he sido capaz de sanar mis heridas por haber sido anulada podré ayudar a otras personas en situación de anulación. De hecho seré un “Maestro” en ese tema. Nuestras heridas profundas nos convierten en Maestros de Vida. No hay mejor terapeuta para una adolescente con anorexia nerviosa que una mujer que sufriera anorexia nerviosa en su adolescencia y la superara completamente. Lo mismo pasa con los tratamientos para adicciones y los terapeutas de violencia doméstica. Todos los que hayan vivido en sus carnes esos problemas, con todas las heridas que comportan y todo el sufrimiento, y hayan superado esos patrones negativos y sanado esas heridas y ese dolor, serán Grandes Maestros para otras personas que todavía estén por salir de esa situación. Y es más, por el hecho de ser Maestros de Vida tendrán una gran probabilidad de convertirse en imanes que atraen a esas personas que están todavía en ese tipo de sufrimiento. Por eso digo que nuestras heridas profundas están estrechamente relacionadas con nuestro Propósito de Vida o incluso lo definen.

Suzanne Powell es una nutricionista y sanadora muy conocida en España. Ella es irlandesa y fue diagnosticada con un tipo de cáncer muy agresivo. En esos momentos rondaba los 20 años y decidió irse a vivir a Barcelona, ciudad de la que estaba enamorada, y  centrarse en curarse a través de la nutrición ortomolecular y de las terapias naturales que fue conociendo. Suzanne superó su enfermedad y ha dedicado toda su vida a ayudar a personas a sanarse a través de la alimentación y de una técnica energética que ella misma desarrolló que llama “Reset”. Ella ha ayudado a miles y miles de personas y continúa haciéndolo. Como ella hay muchísimos casos de personas que dedican su vida a ayudar a otros a superar los problemas que ellos tuvieron que superar solos.

Recuerda, tus heridas por profundas, dolorosas, oscuras y densas que sean esconden la clave de tu felicidad. Puedes vivir toda tu vida con ellas, arrastrándolas como un lastre emocional. Pero si las sanas  sentirás un gran alivio y liberarás toda tu esencia, abrirás todo tu potencial y te conectarás con tu verdadero camino de Vida, aquel que te realizará como persona.

Publicado por

Noelia Sánchez Sáez

Médico Psicoterapeuta. Num. Col:34.408

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