Capítulo 7: LA VOZ DEL CORAZÓN

En un mundo donde estamos en constante contacto con la tecnología, los medios de comunicación y el ruido exterior hemos perdido la capacidad de percibir la voz de nuestro corazón. El corazón es muy sabio. La sabiduría del corazón combina el conocimiento inconsciente, la intuición y el sentido común, o coherencia. Está demostrado que existen fibras nerviosas en el tejido cardíaco que responden a los estímulos externos, a las cosas que pasan a nuestro alrededor, milésimas de segundo antes de que lo haga el cerebro. El corazón es el primero que ve, que oye y que siente, y el primero que responde a lo que nos ocurre. Y responde de una forma diferente al cerebro. Hasta hace bien poco, los hombres utilizaban su sabiduría inconsciente, su intuición y su percepción sutil para entender el mundo y tomar decisiones. Ahora si queremos saber qué día hace ni siquiera miramos por la ventana sino que consultamos la aplicación del móvil sobre la predicción del tiempo. Dejar de escuchar al corazón ha atrofiado nuestra SABIDURÍA INTUITIVA.

El corazón responde de forma diferente al cerebro porque no está influenciado por los miedos. El corazón sólo tiene dos direcciones: me siento a gusto y me acerco, o no me siento a gusto y me alejo. Al sentirse a gusto podemos llamarlo AFINIDAD y al no sentirse a gusto podemos llamarlo RECHAZO. Que me chillen me hace sentir “Uff… no quiero esto” y siento rechazo, siento que mi corazón se aleja o se cierra a esa persona. Una sonrisa sincera me hace sentir “Sí, estoy a gusto contigo” y siento afinidad, siento que mi corazón se acerca a esa persona. Lo mismo me ocurre cuando me proponen cosas. Si me proponen algo interesante siento “Sí, quiero hacerlo!” pero si me proponen algo que no me gusta siento “Uff… no me apetece nada”. El corazón no juzga, ni anula, ni manipula. El corazón valora las cosas por lo que son para nosotros. Ante lo que me suma, lo que  es bueno para mí, me acerco. Ante lo que me resta o es malo para mí, me alejo. No hay más. No hay espacio para la duda, la tentación, la culpa, la vergüenza, el miedo, la opinión externa… Todas estas cosas son de la mente. La mente en su afán de adaptarse al medio tiene en cuenta muchos factores y mucha información que en muchas ocasiones no es cierta. Por ejemplo:

– Dejar un trabajo es malo, aun si ese trabajo me está quitando la salud.

– Ser madre significa no tener ni un poco de vida propia.

– No me puedo equivocar, no es aceptable.

– Si no hago lo que se espera de mí me dejarán de querer.

– No soportaré quedarme sola.

– Decir la verdad me traerá demasiados problemas.

– Dejar de fumar es un sacrificio enorme y terrible.

 

Todos estos son pensamientos de la mente que ha creado basándose en condicionamientos externos negativos y que van en contra de mi propio bienestar. Lo curioso es que por cada pensamiento hacia una dirección podemos crear otro pensamiento en la dirección contraria:

– Si no dejo este trabajo no tendré opción de recuperar mi salud.

– Cuando tengo un poco de vida propia soy mejor madre porque estoy más relajada y satisfecha.

– Todo el mundo se equivoca, no es bueno ser tan exigente.

– Los que me quieren de verdad aceptan como soy.

– Necesito superar mi miedo a la soledad.

– Mentir me está llevando a un montón de problemas.

– Las personas que han dejado de fumar se sienten contentas y orgullosas.

Si mi mente genera pensamientos en todas direcciones ¿Cómo podemos decidir desde la mente, entonces? Cuando la mente está llena de miedos, prejuicios, inseguridades o culpa cuesta mucho llegar a decisiones sabias y certeras. Es mucho más útil escuchar la voz del corazón que siempre nos guiará al camino más acertado para nosotros en cada momento. Quizás el corazón nos diga:

– No quiero volver a ese trabajo, no puedo aguantar más. / Quiero aguantar un poco más a ver si las cosas cambian, no me siento bien dejando mi trabajo ahora.

– Realmente necesito momentos para desestresarme / Prefiero sacrificarme durante unos años para sentir que he dado el máximo como madre.

– Siento que tengo que intentarlo y si me equivoco aprender a llevar el fracaso. / Ahora no quiero pasar por este reto.

– No me siento fuerte para expresar lo que yo soy, prefiero adaptarme a los demás./ Es el momento de expresar lo que soy aunque decepcione a los demás.

– Es el momento de superar mi miedo a estar sola/ No siento que sea el momento o la manera de superar mi miedo a estar sola./Necesito ayuda para superar mi miedo a la soledad.

– Voy a ser sincero y afrontar lo que venga/ No puedo afrontar las consecuencias de decir la verdad.

– Me siento motivado para dejar de fumar. /ya dejaré de fumar más adelante, ahora no es el momento. / Necesito ayuda para dejar de fumar porque por mí solo se me hace muy difícil.

 

Tu corazón es sincero, sensato y en general valiente. No te dirá que te expongas a una situación para la que no estés preparado, en todo caso si ha de ser así te dirá que lo hagas con ayuda. Tu corazón te avisará siempre de lo que te está haciendo daño, de lo que no te va bien. Si has vivido una mala relación de pareja o has tenido un mal trabajo o te has hecho adicta a algún mal hábito sabes por experiencia propia lo que digo. Al principio de entrar en contacto con esa situación perjudicial o en algún momento de conciencia tu corazón te dijo: “Uff… esto no te va a hacer bien”. A partir de ahí pudiste escuchar esa voz sabia y seguirla por tu bienestar, o ignorarla y poner en marcha la mente con todos sus argumentos y excusas.

Si ignoras a tu corazón nunca podrás ser TÚ MISMO, ni tomar las decisiones que te llevarán a crear la vida que tú necesitas para desarrollar todo tu potencial y sentirte satisfecho y conectado con el mundo.

 

“En un mundo donde puedes ser cualquier cosa, sé tú mismo.”

Una amiga mía de toda la vida estuvo durante años acompañando a su marido todos los domingos por la mañana a sus carreras de fondo. Se levantaban bien temprano, conducían el trayecto que correspondiera y mientras su marido competía mi amiga esperaba pacientemente la llegada de su amado. Con los años se le hizo cada vez más tedioso y llegó un momento que ya no disfrutaba acompañándole pero siguió haciéndolo porque era lo que había hecho siempre. Durante un tiempo mi amiga y su marido pasaron por una crisis de pareja y ella confesó en terapia que entre otras frustraciones sentía que hacía un gran sacrificio yendo cada domingo a verlo correr y que eso le hacía sentir que su marido no hacía por ella tanto como ella hacía por él. Mi amiga decidió no acompañarlo más. Al tiempo mi amiga empezó a correr por las mañanas con unas vecinas y poco a poco fue aficionándose a este deporte. Un día le animaron a participar en una carrera y así sin pensarlo se unió a las salidas de su marido pero ya no como acompañante sino como participante. Ahora llevan varios años compitiendo juntos y compartiendo esta afición tan sana que ahora sí les ha unido.

Este es un ejemplo muy sencillo de cómo escuchar al corazón y cómo éste te ayuda a crear una vida más plena y sana. A ser coherente.

Cuando no escuchamos la voz del corazón entramos en la incoherencia:

Lo que siento y lo que hago no van en la misma dirección. Si siento que no quiero hacer una cosa y me obligo a hacerla soy incoherente. Cuanta gente intenta caer bien a personas que saben perfectamente que sienten antipatía por ellas. Cuantas veces nos forzamos a hacer lo que la mayoría de gente hace para ser “normales” o aceptados. Cuantas veces seguimos el camino que nos han marcado los padres o la sociedad sin cuestionarnos si es eso lo que necesitamos de veras.

Podemos vivir algunas pequeñas incoherencias en la Vida pero deben ser las mínimas. Para tener bienestar interno debemos crear una vida armoniosa y coherente con quienes somos. Cuando encontramos elementos adversos debemos ser capaces de asumirlos como un momento de aprendizaje o de madurez.

Cuando era residente lo pasaba fatal haciendo guardias porque llevo muy mal eso de pasar sueño. Esas noches trabajando sin pegar ojo, o durmiendo a ratos me resultaban una terrible tortura, tanto por el hecho de la sensación de sueño como por el estrés de tener que hacer mi trabajo de manera competente y responsable cuando mi cerebro estaba medio apagado. Me tomé esa circunstancia de mi formación como un reto personal: “Las guardias me ponen al límite de mi capacidad, tengo que demostrar que soy un médico capaz” Y me hice la promesa de que cuando acabara la residencia no volvería a hacer guardias nocturnas jamás en la Vida.

A veces tenemos que pasar por momentos de esfuerzo que no nos apetece pero dentro de nosotros mismos, en el corazón, sentimos que ese es el camino correcto, que ese esfuerzo valdrá la pena. Si no escucho a mi corazón no tendré fuerza para atravesar los retos y las adversidades de la Vida, no tomaré las decisiones adecuadas para mí, no sabré si estoy siendo coherente con lo que hago, no sabré si estoy más cerca o más lejos de crear la vida que me dará plenitud.

El precio de no escuchar al corazón es entrar en el DEJARSE LLEVAR por los miedos y los condicionamientos de la mente o de los que me rodean. Aparentemente puedo estar haciendo cosas muy correctas pero no son las que me llenan o me ayudan a ser Yo Mismo y abrir todo mi potencial.

Kiku, un joven abogado, trabajó muy duro para sacarse la carrera y hacerse un hueco en mercado laboral. Ganaba dinero y crecía como profesional gracias a su carácter luchador y a su gran profesionalidad. Pero no estaba satisfecho. Su trabajo le deprimía profundamente porque le obligaba a ser agresivo e impersonal. En un momento dado entró en contacto con el Coaching y para él fue una revelación. Descubrió que utilizar su capacidad estratégica para resolver problemas humanos y dificultades personales le llenaba internamente y le motivaba como nada lo había hecho antes. Kiku siguió la voz de su corazón y empezó una trayectoria profesional radicalmente diferente. No sólo se formó como Coach sino que cursó la carrera de Psicología compaginándolo con su trabajo como abogado y su vida familiar. Un enorme esfuerzo que ha dado como fruto que Kiku sea en estos momentos un gran Coach que trabaja desde la pasión, la vocación y una valiosísima experiencia del mundo laboral de los ejecutivos agresivos.

Sucede que cuando llevamos mucho tiempo sin escuchar al corazón, sin tenerlo en cuenta, éste deja de hablarnos. Como un niño al que no le haces caso, el corazón puede hacer dos cosas: O bien dejar de pedir atención y recogerse tristemente en algún rincón donde puede llegar a pasar inadvertido mucho, mucho tiempo. O buscar una forma de reclamar la atención haciendo más ruido. El corazón utiliza nuestro cuerpo para hacer más ruido, para no ser ignorado. Y el idioma del cuerpo es tan fácil de entender… se llama enfermedad. En la enfermedad recibiremos el mensaje del corazón, el grito del corazón que quiere ser escuchado. ¿Cuántas personas explican que gracias a enfermedades graves han dado un giro positivo a sus vidas? ¿Cuántas personas han tenido que llegar a enfermar para tomarse un descanso, coger la baja, replantearse el esfuerzo que están haciendo? Esto son ejemplos de problemas de salud graves o urgentes pero todos tenemos síntomas que nos van dando pistas de por dónde nos alejamos de lo que realmente necesita nuestro corazón, de lo que realmente necesitamos para expresar lo que somos y atender a nuestras necesidades.

Marisa era una mujer de 50 años enamoradísima de su marido que también la quería con locura. Vinieron a mi consulta porque ella sufría ataques de ansiedad sin motivo aparente. Ellos tenían una relación sexual muy abierta porque al marido de Marisa le gustaba mucho variar. Ella le seguía en todas sus iniciativas. Habían hecho algo de exhibicionismo, habían contratado profesionales para hacer tríos, habían probado muchas cosas durante su matrimonio. En esa época se estaban iniciando en el intercambio de parejas y a Marisa le costaba bastante. Ella no tenía problema con que su marido tuviera sexo con otra mujer pero ella no soportaba tener sexo por su cuenta con un desconocido. Curiosamente los ataques de ansiedad se presentaban justo antes de ir a los locales de intercambio. Marisa no había relacionado su rechazo interior a lo que estaba haciendo con los ataques de ansiedad. Yo le señalé en esa dirección: “En tu cabeza quieres hacer intercambio de pareja por tu marido pero parece que tu cuerpo se niega a hacerlo. ¿No crees que deberías escuchar a tu cuerpo?” Marisa tenía tanto miedo de perder a su marido si no le seguía en todas sus aventuras sexuales que ahogaba su propia voz interior. Al hablarlo en terapia con su marido decidieron seguir con otras alternativas sexuales que no implicaran que ella tuviera sexo con desconocidos y los dos quedaron contentos y tranquilos.

Los ataques de ansiedad siempre indican que me estoy obligando a algo que vivo como “ir al matadero”. Los dolores siempre indican que me siendo golpeada por alguien o por una circunstancia. Las carencias indican que carezco de una actitud adecuada. Por ejemplo la diabetes es una carencia de insulina que no me deja procesar bien la glucosa, el azúcar. Tener diabetes indica que no sé tomarme las cosas de la vida con dulzura, que las adversidades me “amargan” demasiado, me decepcionan profundamente. El exceso de algo, como la hipertensión o el hipertiroidismo, indica que pongo demasiada tensión demasiada fuerza, demasiado dominio, en algo que debería vivir de una forma más fluida o más confiada. Así podríamos ir relacionando todos los males y todos los síntomas con los mensajes que llevan en su trasfondo. Existen muchos libros que dan esta información y que podemos usar para tener pistas de los mensajes que nuestro cuerpo intenta darnos a través de lo que sufrimos:

“La enfermedad busca sanarme” de Philippe Dransart

“Dime que te duele y te diré por qué.” de Michel Odul

“La enfermedad como camino”  de T. Dethlefsen y  R. Dahlke

“Obedece a tu cuerpo ¡Ámate!” de  Lise Bourbeau

Pero también podemos deducir por nosotros mismos el mensaje de nuestro cuerpo con 2 simples preguntas:

¿A qué me obliga este problema?

¿Qué me impide este problema?

Pues esta ciática me obliga a dejar de trabajar y estar en cama, será que necesito descansar. Esta afonía me impide hablar, será que tengo que hablar menos y escuchar a mi entorno. Este problema de fertilidad me impide tener hijos, será que tengo que observar mis miedos o mis conflictos respecto a la maternidad. Esta sordera me impide oír, será que estoy harto de oír ciertas cosas o a ciertas personas. Este estreñimiento me impide vaciar mis intestinos fácilmente, será que “retengo” a las cosas o a las personas porque me cuesta dejar marchar y renovarme. Este cáncer me obliga a luchar por vida, será que tenía aspectos de mi vida totalmente abandonados…

Con estas dos preguntas y unas dosis de sinceridad y valentía podremos empezar a escuchar aquellas cosas que no hemos atendido por no ser conscientes o por no querer complicarnos la vida. Pero nunca es tarde para abrir los ojos y corregir el rumbo. No tiene por qué ser de una forma tajante o desequilibrante. Tu corazón siempre te indicará el camino que es adecuado para ti y la manera de hacer las cosas que son armoniosas contigo. Si tú eres una persona radical tu corazón te llamará a tomar decisiones más radicales. Pero si tú eres tranquilo y conciliador tu corazón te llamará a hacer las cosas de una manera tranquila y conciliadora. Y si no sabes cómo hacerlo tu corazón te llevará a conseguir la ayuda que necesites.

Constantemente las personas nos decimos los unos a los otros con la boca bien grande lo que debemos hacer y cómo debemos hacerlo sin darnos cuenta de que eso no tiene por qué ayudar. No importa LO QUE HAGAS, importa DESDE DONDE LO HAGAS. Debes hacerlo siempre desde tu propio ser, desde tu propia decisión, siendo coherente con tu propio corazón. Y los demás que hagan las cosas a su manera también. Si yo hago algo que no es coherente conmigo mismo esa acción sólo me llevará al fracaso o, peor aún, a entrar en un carril de Vida que no va a hacerme feliz que me va a alejar de ser yo mismo.

Publicado por

Noelia Sánchez Sáez

Médico Psicoterapeuta. Num. Col:34.408

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